martes, julio 25, 2006

A veces

Cuando recupero la memoria me dedico a la:

Decoración de Interiores

domingo, julio 23, 2006

Tal día

Ayer me levanté con un desasosiego inhabitual. Con la misma sensación de quien sabe que ha olvidado algo importante pero no logra recordarlo. Con la impresión de algún cumpleaños o aniversario olvidado.

Después de pasar el día mohína, estorbada con todo lo que me rodeaba decidí salir a pasear después de la cena por esta ciudad recién descubierta, que sabe más de mi vida que yo.
Eché a andar sin rumbo fijo. Había sido un día muy caluroso, pero ahora en las primeras horas de la noche empezaba a refrescar.

Al cruzar el umbral de la última calle que me llevaba a aquella plaza salió de mí una yo misma formada como de niebla y humo, gris mate, etérea como un sueño. Me quedé mirándome pero ella, es decir yo, ya había ido como flotando a reunirse con otra figura incorpórea.

Mi otra yo mantenía una animada conversación con el hombre etéreo, a la que pronto se sumó el roce de las manos, el toque de un brazo y todas aquellas risas que sonaban huecas con la distancia del tiempo. Les seguí hasta que llegaron a un banco donde se sentaron. La mayoría de las barreras de espacio habían desaparecido.

Mi yo brumosa apoyaba la cabeza en su hombro y se fingía distraía cuando le besaban en la cara. Hasta que ya no supo donde mirar y optó u opté por encarar un leve beso.

Empezó a llover en el pasado y sus figuras se difuminaron. Pero juraría que un segundo antes de disolverse definitivamente, él me miró.

Y me volví sin la certeza de si era real o lo sólo lo había recordado.

viernes, julio 21, 2006

El caballero y la hormiga


El domigno la hormiga más dicharachera de este lado del río irá a reunirse con el caballero busca-dragones.
Y muy serio me ha dicho: "Soy el hombre-hormiga y soy hormiga porque no queda otro remedio"

sábado, julio 15, 2006

Entuertos


Y dice que se va a buscar dragones, pero que ni hablar de liberar princesas.

jueves, julio 13, 2006

() Noticias que me dejan muda

Ayer era noticia que sólo uno de cada cinco padres lleva en el coche dispositivos de seguridad adecuados para los niños.

Uno de cada cinco…

martes, julio 11, 2006

La terapia

Mi doctor se ha empeñado en que haga terapia a ver si recupero algo de memoria. Así que he ido esta mañana al centro de salud, donde por cierto están todos enfermos, a entrevistarme con la psicóloga.

Es una chica muy maja pero insiste en que vea a un colega hipnotizador. A mí la idea no me seduce pero ellos dale que dale, que igual tenía una vida estupenda antes, que mi familia me puede estar buscando, que tengo que recuperar mi antigua vida. Me temo que tendré que acabar yendo a verle. Pero es que la verdad ahora me siento muy bien, dudo que antes estuviera igual de bien y además es que no me importa en absoluto. Es lo bueno de haber perdido la memoria, no te acuerdas de nada, no añoras nada.

Si soy muy rica o muy famosa ya me encontrarán, seguro. Si he cometido algún delito grave tarde o temprano me atraparán. Lo que es un misterio es porqué tengo amnesia, pero claro tampoco me acuerdo.

Cómo leí el otro día esto ha sido un borrón y cuenta nueva, pero de verdad. Además todavía tengo la llave que probablemente lleva a mi antigua casa y a mi antigua vida. Y volveré, algún día.

lunes, julio 10, 2006

La llave

En la mano derecha tenía aquellas llaves. Una redondeada, otra mucho más de pequeña y otra cuadrada con pinta de guardar algo importante. En la mano izquierda en un papel apuntada una dirección. No tenía la seguridad de que aquella dirección me llevase a algo que aquellas llaves pudieran abrir pero sí la sensación de que un puente invisible las unía de una a otra mano. Fueran las llaves de la dirección o no merecía la pena acercarse para comprobarlo.

Tardé más de 10 minutos en encontrar la calle en el plano enorme de la marquesina de aquella plaza. No estaba lejos. Cuando llegué pasé de largo del portal, me paré al final de la calle y di media vuelta. Durante cuatro veces consecutivas hice lo mismo hasta que me decidí a entrar.

El cartero salía del portal en ese momento así que no tuve que andar probando la llave. Miré a los buzones con desasosiego, pensando que mi nombre, ni nombre real, aparecería en alguna de esas tarjetas. La vista en seguida se me fue a uno muy lleno, con la propaganda rebosando por la ranura. Con las manos temblando introduje la llave más pequeña y el buzón se abrió.

Todo el contenido se cayó al suelo. Miré la puertecita para ver el nombre, pero se había caído por la parte de atrás y aunque sacudí y empujé con la llave para conseguirla sacar no pude. Un pico de la tarjeta se asomaba riéndose de mí. Pensé en arrancar aquella puerta y romperla para conseguir la tarjeta, pero entonces reparé en todas aquellas cartas que había en el suelo. No todas las cartas eran de propaganda. Las separé frenética, cogí las que llevaban destinatario, las metí en la bolsa y salí corriendo.

No podía saber más de momento. Llegué a la casa de acogida donde me habían alojado momentáneamente y me tomé dos de aquellas pastillas rojas que el médico me había recetado para dormir.

Me tumbé vestida y cuando empezó el zumbido en mis oídos, de las pastillas que comenzaban a hacer efecto, me abracé a aquellas cartas quedándome dormida.

sábado, julio 08, 2006

Inventario

Para comenzar esta nueva vida a la salida del hospital me dieron una bolsa que contenía mis pertenencias al llegar. Me pareció más que suficiente para el principio de la búsqueda de mi misma.

-Unas llaves brillantes
-Una tarjeta con la dirección aparentemente de las llaves
-Un monedero vacío de dinero con una tarjeta de una peluquería
-Un paquete de tabaco, inútil porque ya me acuerdo si fumaba
-Una foto borrosa donde parece que salgo yo y otras tres o cuatro personas más que no tengo ni idea de quienes pueden ser.

Y lo más asombroso una pequeña libreta donde hay apuntadas un millón de cosas que no sé que significan.

Además me han entregado todo un historial donde cuenta lo que me pasa y teléfonos donde puedo acudir. Pero antes semejante aventura de momento no pienso pedir ayuda.

jueves, julio 06, 2006

Abrir los ojos

Cuando abrí los ojos en el hospital todo era familiar y extraño.
No recordaba como me llamaba, ni que había sido de mi vida hasta ese momento.

Los médicos calcularon que debía tener entre 25 y 35 años, lo cual no me hizo mucha gracia, que no es lo mismo ser una veinte añera que una de treinta y tantos.

Era curioso porque podía leer, escribir, hablar, lo único de lo que no era capaz era de recordar algo coherente. Sí recordaba cosas, pero eran tan extrañas que en un arranque de sensatez decidí no contarlas por si acaso no me querían dar el alta.

Después de meses en el hospital los médicos dieron su diagnóstico definitivo: “Es un caso claro de amnesia irreversible” y se quedaron tan anchos. A mí el término me pareció precioso, irreversible, que increíble palabra.

Mi documentación había desaparecido pero sé que las enfermeras a escondidas me llamaban Lisamnesia y me pareció buena idea.

Vosotros podéis llamarme Lis.